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La detección temprana puede marcar la diferencia entre un tratamiento sencillo y una enfermedad avanzada. Cuando se identifican los síntomas en las primeras etapas, el pronóstico suele ser mucho más favorable y el tratamiento, menos costoso y menos invasivo.
Además, las revisiones veterinarias regulares permiten descubrir alteraciones invisibles para el ojo humano, como problemas renales, hepáticos o metabólicos, antes de que generen síntomas visibles.
La prevención siempre será el mejor tratamiento.